Dance first: Un escaparate no muy adecuado

En 2014, el autor británico James Marsh triunfó con su ‘Teoría del todo’, biopic de Stephen Hawking que sirvió a Eddie Redmayne para llevarse un Oscar a casa, consolidándose como un experto en contar historias sobre personalidades reales, de esas que marcaron un antes y un después en sus especialidades. Ahora estrena ‘Dance first’, película sobre el escritor irlandés Samuel Beckett con la que, de alguna forma, busca repetir ese tan ansiado éxito.

En ‘Dance first’ Marsh utiliza el contexto de los Premios Nobel para retratar el arrepentimiento de un alma herida, la de un Beckett que, lejos de sentirse orgulloso de sí mismo, tiene algo así como un síndrome del impostor que le obliga a autofustigarse recordando todas aquellas personas y momentos con los que, supuestamente, se comportó de forma no demasiado adecuada y a los que debería ahora rendirles cuentas. Todo ello encapsulado en unos flashbacks que van saltando de momento en momento con un blanco y negro que tal vez busca el esteticismo y la provocación de un sentimiento de memoria (sin demasiado éxito, todo hay que decirlo).

Cada flashback es una película en sí misma, transformando la conversación larga y tediosa entre Beckett y su consciencia en un mero trámite para mostrarnos las vidas y desgracias del escritor. De alguna forma, ‘Dance first’ intenta victimizar al Beckett más sensible mientras que, por otro lado, castiga y demoniza a una figura que realmente no ha hecho mucho para mecerlo. La película se siente artificial, como si quisieran rendir un homenaje al histórico escritor pero, a su vez, intentasen retratar una especie de dualidad moral (típica en la mayoría de figuras de este tipo). Al final, esa indecisión sobre la característica principal de su protagonista resiente el resultado final de la obra.

Valoro el trabajo de Marsh y de su equipo, pues al fin y al cabo han realizado una película que, de alguna forma, rinde un tributo a una figura un tanto escondida en el mundo del cine, pero la realidad es que se queda en un biopic simple que, sinceramente, no está del todo a la altura de su leyenda.