‘Argylle’: la nueva misión de Matthew Vaughn

Matthew Vaughn empezó a enamorarse del cine de acción en 2010 cuando experimentó con una película que llevaba más allá al género y lo mezcló con un tipo de humor tan diferente y que tan bien le quedaba que consiguió hacer de ‘Kick-Ass’ un producto sobresaliente. 

El también director de ‘Kinsgman’ vuelve a utilizar la misma fórmula de la saga, porque sabe que funciona, en ‘Argylle’, su nueva película de espías con mucha acción, giros de guion y esos toques cómicos que llevan el sello Vaughn. Pero todo lo que ’Argylle’ promete desde el principio termina jugando en su contra.

Un cartel que presume de un numeroso elenco de actores ultra conocidos solo nos empuja a esperar durante toda la cinta que tengan más protagonismo del que en realidad tienen. Sin embargo, si el marketing hubiera sido honesto, ‘Argylle’ habría sido recordada como una buena película. Porque lo es.

Estamos tan mal acostumbrados a ver a superestrellas enfrentarse a este tipo de misiones (y más cuando se utiliza la imagen de Henry Cavill y Dua Lipa como aliciente) que nos ponen a actores menos conocidos o con roles menos habituados a representar y nos cuesta empatizar. Bryce Dallas Howard consigue adaptarse a esos giros que propone la trama con una buena interpretación que no depende de otros personajes para destacar. 

‘Argylle’ necesitaba hacerse grande desde los primeros minutos y lo consigue. La película cede a la dinámica de iniciar el metraje con una escena de acción potente a modo de presentación para ofrecer enseguida una historia que empieza de cero y poco a poco se va construyendo hasta volver a alcanzar ese clímax que prometió en los primeros minutos.

La idea de ‘Argylle’ era tan buena como diferente, pero, por culpa de ser tan ambiciosa, va a ser más recordada por lo que pudo ser que por lo que realmente es.