‘Montecarlo 67’ es el cine ejemplar que motiva e inspira

Sábado por la mañana. Callao. La sala de cine llena. Ya comenzaba bien el día. Resulta que Rubén Guindo presentaba su nuevo cortometraje llamado ‘Montecarlo 67’ cuya carta de presentación no podía ser mejor gracias a la presentación de Carlos Santos, Veki Velilla y Marco Steel como protagonistas. La sala apagó sus luces para proyectar unas imágenes en blanco y negro -con lo difícil que es trabajar ese espacio de color en postproducción- y comenzó la magia. 

No exagero si digo que ya no se hace cine así: cine desde dentro. Creo que últimamente se hace un cine inspirado en otro cine al que cuesta superar por no correr riesgos. Pero lo que propone ‘Montecarlo 67’ es un cine que inspira, del que se aprende y del que se sueña. 

La película narra un encuentro entre Chicho Ibañez Serrador y Pilar Miró con un jovencísimo Steven Spielberg tras una gala de premios. Chicho, interpretado por Carlos Santos, se apodera de la pantalla -literalmente- y consigue dar la sensación de que pocos actores habrían sido capaces de conseguirlo, pues es como si reinventara el concepto de romper la cuarta pared. Veki Velilla da vida a Pilar Miró en un papel que cuyo protagonismo no pasa desapercibido y permite sumergirse en lo más profundo de las conversaciones y unificarse con su compañero de rodaje. 

Tras ganas el premio, Pilar se sorprende de la ausencia de euforia por parte de Chicho y es donde da la sensación de que lo tiene todo controlado y no hay mayor satisfacción por parte del espectador que tener a un protagonista seguro de sí mismo comportándose como el Deus ex machina de la historia de Steven, interpretado por Marco Steel. Este personaje es el más importante, pues interpreta a todo aquel cuyas ansias de realzar su carrera se desvanecen a pesar de tener toda la vida por delante, pero capaz de agarrarse a un buen consejo para recuperar la motivación. 

En el momento en el que los dos genios del cine comienzan a hablar, es cuando esa magia de la que hablaba al principio renace, pues el respeto con el que se habla del cine funciona también como reflejo de un mensaje optimista sobre la lucha por los sueños. Rubén Guindo nos hace sentir orgullosos de su profesión con esta carta de amor al séptimo arte. 

Comentaba Veki Velilla tras la proyección que trabajar en historias más cortas “te devuelve a un lugar que tiene que ver con la razón por la que te dedicas a esto” y se nota que todo el trabajo que hay detrás es fruto de la pasión por este trabajo. No hay más que ver el resultado. 

Igual fueron los sentimientos del momento, pero me dio la sensación de que, tras muchas películas dedicadas a directores -en este caso a Spielberg como representante-, no había visto nada igual. ‘Montecarlo 67’ emplea elementos visuales muy llamativos y originales de los que estoy seguro que tomarán nota multitud de cineastas que requieran inspiración. Porque ‘Montecarlo 67’ es un cine ejemplar para recomendar a todo amante del cine.