El arte, como muchas otras herramientas, tiene una gran cantidad de fines. El uso más común de este medio es el de transmitir emociones, pero también se utiliza muchas veces para dar a conocer historias reales o denunciar situaciones injustas. Uno de mis empleos favoritos del medio artístico es el de instrumento de concienciación social: utilizar su poder para dar voz a aquellos que no se les ha permitido hacer ruido. Pues, cuando esto se realiza desde la consideración, puede llegar a provocar un gran impacto en nuestro entorno. Este es el caso de la película ‘Incontrolable’.
‘Incontrolable’ cuenta la historia real de John Davidson, quien, a los quince años de edad, es diagnosticado con síndrome de Tourette. En una época en la que la desinformación acerca de esta condición era evidente, John es señalado por sus compañeros y familiares, lo que le hace crecer en una lucha constante consigo mismo y aquellos que le rodean. Ya como adulto, tiene la suerte de encontrar en el camino a personas empáticas que le alientan a comenzar una campaña de concienciación sobre su trastorno neurológico.



En el mundo en que vivimos, donde muchas veces el odio parece imponerse frente al raciocinio, da gusto encontrar una historia que no solo pretende visibilizar un síndrome desde la información y tolerancia, sino que también lanza un mensaje de esperanza basado en la unión y el respeto de los unos con los otros.
‘Incontrolable’ llega, inevitablemente, al corazón del espectador porque es una película que antepone su narración al dramatismo mainstream. El guion, que sabe combinar a la perfección los momentos de comedia y tragedia, no contiene grandes florituras, sino que rebosa verdad por medio de cada mirada, conversación y silencio. La dirección es clara y consecuente con el desarrollo de la trama. Además, la implicación de los actores es admirable por su extraordinaria humanidad.
El trabajo que realiza Robert Aramayo dando vida a John Davidson es uno de los más comprometidos que he visto en mucho tiempo. Él cuida hasta el más mínimo detalle de su interpretación y desprende una sensibilidad desbordante. Además, tiene la suerte de rodearse de grandes compañeros de escena, como son Maxine Peake, Peter Mullan o Shirley Henderson, que entienden cada uno de sus personajes a la perfección y forman un elenco entrañable.
Con todo ello, cabe recalcar que lo mejor de esta película no es su calidad técnica e interpretativa, sino su intención de educar a la sociedad en una condición de la que pocas veces se habla y con la que mucha gente convive. ‘Incontrolable’ aboga por una sociedad en la que tener un trastorno neurológico no te haga sentir inferior a ningún otro ser humano. De este modo, la lucha de John Davidson, y muchos otros como él, no será en vano.


